Desde el cielo no se puede ver mi pueblo

Desde el cielo no se puede ver mi pueblo.

Hace falta tener los pies en el suelo para verlo.

Y si creéis verlo desde allí, en lo alto,

No vislumbrareis más que una mancha.

Si creéis que lo estáis viendo,

Perdonad que os diga que no es cierto.

Que lo que veis no son más que sueños.

Frutos de vuestros recuerdos.

 

Romped a llorar pues,

Pero no os lamentéis después.

Pues en los recuerdos nacen vuestros anhelos,

Y estos son siempre buenos.

 

Así pues, mi pueblo yace en mí,

Como yo nací de él,

Y siempre estará en mí.

 

Si quieres conocerlo, no dejes que te lo cuenten.

No lo mires de lejos, ni te entretengas por fuera.

Pásate dentro, míralo de cerca,

Porque los ojos nunca mienten.

 

 

De momento sólo te puedo contar…

Lo que yo siento, lo que yo sé.

Lo que yo aprendí de él,

Y lo que él me dio.

La Piedra del Castillo de Javier

La Piedra del Castillo de Javier

Ahí está impasible viendo pasar el tiempo,

La Piedra del Castillo de Javier.

Hé ahí su impasividad ante el temido tiempo,

que unas veces acecha despiadado y sin querer,

y otras queriendo brinda tan lucido cuadro.

 

Hé allí esas montañas esperando el atardecer,

que se perfilan en el cielo tan azulado,

y que un día como hoy se han podido ver,

lejos del recinto amurallado,

y bajo el marco de la Piedra del Castillo de Javier.

Ander Barado

Llastres

Llastres_Casas_empinadas

Es inevitable no bajar,

(o no subir)

es inevitable no pensar

en la montaña o en el mar,

al caminar, pasear o bajar

por sus calles empedradas

en pendiente hacia la mar.

Es inevitable pensar

en (toda) la gente dedicada a pescar

en el equilibrio entre la gente,

sus casas y la mar.

Es inevitable porque

al final es imposible

no visitar tal paraje,

con tanta historia;

de dinosaurios, tejas, agua y gente.

Porque Lantres es sobre todo alma,

de mar, de tierra y de aire.

Ander Barado